Primer Acto
Escena Primera
La noche empieza cuando abres los ojos
Ofelia ha llegado a casa,
mojada por la lluvia,
con los hombros deshechos
por el arco iris que la amó.
Ofelia se desnuda lentamente,
se tira sobre la cama
cansada de haber escuchado
a la hierba llorar esta noche.
Ofelia trata de evocar
cada escena donde el amante
sutil y atropellado
no necesitó de su ayuda para desnudarla,
mientras él la besaba
con sus labios de ceniza:
Como una hoja de otoño en una copa
la proyección del amor
se reflejaba en los muslos
y en las caderas de la ninfa.
1
Segunda Escena
Ofelia está tirada sobre las sábanas
y sus largas piernas se preguntan
si necesitan los pétalos de la orquídea,
o la larga seda del olivo.
Ofelia sólo siente a la lluvia púrpura del deseo
que lame suavemente sus senos
temblando como violines en espera de la luna
bajo los espejos de la noche.
Las manos etéreas del recuerdo,
esas que esconden las respuestas
tras el té de las dos de la mañana,
pasean por su pubis.
Ofelia se pregunta entre sonrisas
si esto es solo otro sueño
u otro producto del sorgo.
2
Tercera Escena
Los bosques la vieron.
La lluvia también la amó.
.
Ofelia fue una confusión de hojas
y árboles que temblaban
mientras sus quejidos se alzaban por las paredes
y los nenúfares la espiaban furtivos entre las cortinas.
Ofelia era una silueta distorsionada por el juego
de la experiencia que besaba su clítoris,
mientras el pasto gélido de la incertidumbre
descubría distintas flores en su voz.
Las costumbres impuestas por el otoño
ya no eran suficientes
para barrer las mañanas de sus ojos.
3
Segundo Acto
Escena Primera
Ofelia ahora es una gota de lluvia
que se convirtió en mar,
una tormenta a partir de un beso
creciendo festivamente como nubes boreales
por las cuerdas donde serpentea noviembre.
Ofelia está vestida de rojo y de adioses,
como un arpegio entre los árboles,
perfecta y dadivosa
intensa,
pequeña,
porque pequeño es el amor,
lo dijo el poeta,
y fugaz,
como una picadura de estrella extraviada
que besa
y se deja extrañar para siempre.
4
Escena Segunda
Ofelia susurra noche
y la luz que muerde sus cabellos
se aleja de pronto
del otro lado de la cama.
Ofelia no piensa más.
Prefiere sentir los duraznos que corren por su piel
y se deja llevar por un viento austral
que la hipnotiza como a una violeta
por los campos erizados de las pasiones llovidas.
Ofelia conoce el conjuro,
la articulación perfecta
para que las hojas del otoño no mueran otra vez,
pero sus manos juegan escondiéndose entre las sábanas
como a una niña a quien fuerzan hablar,
y ya no es posible nadar por las auroras.
5
Escena tercera
En la oscuridad ahora,
en este pedazo de eternidad vespertina hecha noche,
donde sentada en la misma galería de nubes
Ofelia tría sus cabellos bajo la gravedad nula de las ilusiones,
cazando aves en cada hebra:
una tormenta de papeles, plumas, arena,
trigo nevado:
es la noche que imagina a Ofelia
en todas sus formas,
igual que si soñara,
como si se marchara sin retorno.
6
Acto Tercero
Escena Primera
Ah, la luna,
Ofelia, mira sus notas temblar,
mírala como se convierte en otra música.
Puedes luchar contra los sentimientos y las palabras,
los humanos y hasta con los sueños,
pero no contra las libraciones de la reina de la noche.
Selene, viajando en sus albos canastos
te mira desde su velero de mimbre antiguo,
te acaricia con sus rayos de vino blanco
y yo trato de mirarte en ella,
en las profundidades de su alma,
intento buscar tus ojos en los suyos,
cabalgando la luna azul por los bordes de la tierra,
siguiendo el agua cósmica
que has derramado por los bosques del tiempo.
Nadie recorrerá conmigo estas sombras iluminadas,
Ofelia,
sólo quiero la luna,
sólo la necesito a ella para contemplarte.
7
Escena Segunda
Ofelia busca sin encontrarse,
busca a tientas entre la nieve
desesperada de las indecisiones.
Tendrá que cenar.
Ofelia sabe lo que quiere
pero no lo que busca.
8
Escena tercera
El viento habla
y Ofelia lo escucha
meciéndose como una ballerina
por las calles de la universidad.
Ofelia tiene los ojos vacíos,
como posando para fotógrafos ficticios
que salen de las ventanas del ocaso.
Es tarde:
Ofelia se está convirtiendo en noche.
9
© Carlos Antonio Pajuelo
pensativo@hotmail.com
Impreso en Vancouver, Canadá
13 de enero del 2009
Imprenta de
The Benedictine Monks of Main Street
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Thursday, January 15, 2009
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